La violencia no educa.
Los niños, niñas y adolescentes no aprenden con un golpe aquello que sus madres y padres querían enseñarles. Tampoco les ayuda a desear portarse bien, ni les enseña la auto-disciplina u otras conductas alternativas para resolver conflictos, sino todo lo contrario: los hace poco sensibles ante las experiencias violentas.
El aprendizaje sobre la paz o sobre la violencia no es un proceso teórico, sino vivencial. Los significados de amor, solidaridad, empatía con el otro, respeto hacia uno mismo y al otro y democracia se aprenden en los vínculos más próximos, en la familia.
Los niños y niñas aprenden principalmente del ejemplo y si se les enseña que los conflictos pueden resolverse a golpes e insultos, probablemente reproduzcan estos patrones violentos de conducta en el futuro.
¿Cómo educar a los hijos e hijas sin violencia?
Para que la autoridad de madres y padres sea vivida y comprendida por los hijos e hijas como
algo positivo —que no representa los modelos represores o autoritarios—, esta tiene que
plantearse en vínculos que promuevan el apego emocional. Cuando esto ocurre, se produce
un alejamiento de prácticas violentas ya que las madres y padres encuentran maneras de
manejar sus emociones, reconocer y expresar su rabia, regular su agresividad y principalmente
encontrar palabras.
A menudo las personas adultas golpean a sus hijos e hijas porque no tienen un lenguaje adecuado para hablarles.
La convivencia familiar registra circunstancias tales como la hora de dormir, bañarse, las comidas, las tareas escolares, entre otras, en las que aumenta la tensión cuando las cosas no
suceden como la madre o el padre espera.
A menudo, esta tensión tiene la siguiente secuencia: hablar-convencer-discutir-gritar-pegar. Al
llegar al último recurso de esta secuencia, la madre o el padre está en un clima emocional de
desborde y violencia: todo parece ser una «batalla».
Recuperar el clima emocional es fundamental para que las madres y padres puedan ejercer
su autoridad y que los hijos e hijas se sientan seguros y protegidos. Con el lenguaje analógico
—el tono de voz, la postura corporal y los gestos de la cara— se transmite el clima emocional.
Es importante que madres y padres aprendan a identificar momentos en los que se sientan
tranquilos para abrir el diálogo o modos de recuperar la calma para transmitir seguridad a sus
hijos e hijas.
El clima emocional que transmite seguridad se sostiene sobre la creencia de que los conflictos
pueden aparecer en toda convivencia y que el canal para resolverlos es el diálogo basado en
el respeto al otro.
¿Qué podemos exigir y esperar de nuestros hijos e hijas de acuerdo a su edad?
Cada etapa de la vida del niño, niña o adolescente puede describirse observando sus necesidades y potencialidades, su capacidad de aprender, en un proceso constante y abierto, a partir de la imitación del ejemplo, y del ensayo y error.
Es importante reconocer que los niños, niñas y adolescentes, de acuerdo con la etapa de
desarrollo que viven, tienen determinada capacidad de entendimiento o razonamiento y características particulares. No son pequeños adultos.
Entender esto es clave para las madres y los padres, pues no es posible exigir la misma capacidad de atención y comprensión a un niño de dos años que a una niña de cinco, ni tampoco
es posible aplicar las mismas sanciones.
En ocasiones los adultos castigan injustamente a los niños, niñas y adolescentes con severidad
sin entender que la desobediencia de su hijo o hija es parte de un proceso de aprendizaje, de
ensayo y error.
Conocer más acerca del desarrollo evolutivo de los hijos e hijas puede ayudar a las madres
y padres a saber qué esperar y qué poder exigirles a la hora de educarlos y ponerles límites.
¿Cómo poner límites a los niños, niñas y
adolescentes sin violencia?
A continuación se proponen algunos recursos y técnicas que pueden ayudar a madres y padres
en la difícil tarea de educar y poner límites a sus hijos e hijas sin emplear la violencia. Estas
recomendaciones pueden adaptarse a cada etapa del desarrollo del niño, niña o adolescente.
- Parar, calmarse y pensar: Cuando el niño, niña o adolescente está haciendo algo que no debe
y no hace algo que sus madres y padres esperan, es muy fácil caer en la tentación de «pedir-hablar-gritar-pegar». Para evitar esto, los adultos pueden detenerse, respirar hondo, calmarse y
hacer una pausa para pensar desde una visión diferente. Podrían hacerse algunas preguntas en
ese momento:
• ¿Estoy esperando algo adecuado para la edad de mi hijo o hija?
• ¿Le estoy hablando claro y firme?
• ¿Le he mostrado un ejemplo con mis acciones?
• ¿De qué otras maneras, tal vez más lúdicas, podría transmitirle el mensaje?
• ¿Qué emociones tengo? ¿Estas emociones están relacionadas a la conducta de mi hijo o
hija o están relacionadas con otras preocupaciones del trabajo, la pareja, etc.?
• ¿Qué emociones reconozco en mi hijo o hija en este momento? ¿Está pudiendo expresarlas?
¿Estoy facilitando que pueda hacerlo?
De esta manera, madres y padres podrían estar en un permanente proceso reflexivo acerca de cómo
están ejerciendo su autoridad y como están siendo vistos por sus hijos e hijas.
- Decirle al niño, niña o adolescente lo que debería hacer y lo que no: Los adultos deben ponerse
de acuerdo entre sí primero sobre las conductas deseadas y decir a los hijos e hijas lo que esperan
que hagan o dejen de hacer, de manera serena, clara y firme.
- Abrazar al niño, niña o adolescente: Uno de los mayores gestos de autoridad son los abrazos y los abrazos. Independientemente de la edad, ambos padres pueden abrazarse para limitar a sus hijos e hijas. Para Al abrazarlos, pueden sentir el contacto de un cuerpo con otro: un cuerpo que se tambalea Aporta un recuerdo emocional al brazo de la madre o la figura "materna". Un abrazo cálido y firme da un "contorno", esto es un límite, este es un mensaje poderoso, "hasta que puedas aparecer aquí". Calma el dolor y la sensación de no ser escuchado, de alguna manera haz que los niños Los adolescentes se sentirán abrumados emocionalmente.
-Refuerzo verbal de conductas positivas: Las madres, padres o cuidadores, cuando el niño, niña o
adolescente tiene un buen comportamiento, pueden emplear frases como: «¡Qué bien!», «¡Te felicito!», «¡Lo lograste!», «¡Estoy orgulloso de vos!», «¡Cómo estas creciendo!», «¡Mirá todo lo que ya
aprendiste!», «¿Te diste cuenta de lo bien que hiciste tus tareas?», entre otras.
Estas palabras o expresiones confirman y validan al hijo logros, en el proceso de ir aprendiendo a vivir
en el mundo que lo rodea. Al escucharlas, comprende lo que su madre y padre esperan de él y se
siente estimulado a querer seguir haciéndolo, buscando su reconocimiento.
- Dejar que asuman las consecuencias de sus actos: Con la edad, chicos, chicas Los adolescentes asumen más responsabilidades en el hogar, como cuidar y pedir juguetes. O su habitación y hacer los deberes en la escuela. En el proceso de ejercicio de la responsabilidad y la autonomía, es importante que comprendan y asuman las consecuencias de lo que hacen o no hacen. Obviamente, siempre que esto no implique su integridad o riesgos para la salud. Para hacer esto, Las madres, los padres o los cuidadores pueden decirles y predecir lo que sucederá si se comportan de manera inadecuada y dejar que los niños y adolescentes asuman sus propias responsabilidades. irse Por ejemplo, si deciden no hacer los deberes o se olvidan de trabajar, pídales que vayan a la escuela sin deberes y consigan Sanciones contra profesores o profesores.
Luego, en un clima de calma y serenidad, podrían conversar juntos para reflexionar sobre la experiencia vivida y sacar aprendizajes de ella.
- Dialogar: A partir de conversaciones, las madres, los padres o cuidadores pueden guiar a sus hijos e
hijas a imaginar y expresar los anhelos y metas para su vida, así como compartir momentos de reflexión acerca de las consecuencias de las acciones que realizan. Además, pueden ayudarlos a expresar
sus emociones, hablar de los conflictos y encontrar maneras para solucionarlos.
- El juego: A través del juego los adultos pueden compartir los mismos códigos con los niños y niñas logrando conectarse desde lo emotivo, lo que ayudará a que sus hijos e hijas pequeños les presten más atención sobre aquello que desean enseñarles. Otra forma puede ser mediante la lectura de cuentos. Con los niños y niñas mayores y adolescentes, los adultos podrían lograr una aproximación similar para dialogar mejor y obtener su atención conociendo y compartiendo algunas actividades de interés de los hijos e hijas, como sus programas favoritos de tv, juegos electrónicos o temas musicales, por citar algunos ejemplos.
- Suspenderles algo que les gusta: Esta forma de castigo o sanción se aplica avisándole al niño, niña o adolescente previamente que si no deja de actuar o hacer determinada cosa que está mal se le suspenderá una actividad que le agrada, por ejemplo va a dejar de ver la televisión por dos días o no va a poder ir a una fiesta.
- Tiempo fuera: Este procedimiento se utiliza con la intención de reducir la frecuencia de un comportamiento que las madres, los padres o cuidadores consideren inadecuado, negándole al niño, niña o adolescente cualquier oportunidad de que refuerce tal comportamiento, como por ejemplo el querer ser siempre el «centro de atención». El tiempo de exclusión debe ser acorde con la edad del hijo o hija.
"A los niños se les educa desde el respeto, los límites, el amor, y ejemplo. No se les pega, ni se les abusa. Son personas y son muy importantes."
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